El modelo familiar de producción algodonera se fue para siempre. La nueva batalla del algodón se libra en el terreno tecnológico, con parcelas más grandes en busca de rendimientos mayores y con uso masivo de los recursos que ofrecen los más avanzados arsenales de la biotecnología aplicada. Esto demanda capital para la compra de maquinaria, semillas e insumos. Ni malo ni bueno, simplemente diferente.