Los cargos jerárquicos en las entidades binacionales como Itaipú y Yacyretá siempre han sido refugios de lujo de los que disfrutan personajes descartados de la política activa. Apoltronados en algún sillón del consejo de administración o en alguna secretaría de campanillas, los refugiados pueden facturar entre 800 a 1.200 millones de guaraníes al año. Pero hay para todos en la tierra del nunca jamás.