Si bien los deseos generales propuestos por la ONU suenan muy sensatos y de fácil acogida, hay preguntas razonables que cabe hacerse:
* ¿Dónde queda la iniciativa privada?
* ¿Qué poder está al frente de las iniciativas 2030 y qué medios usarán para imponerlas?
* ¿Cuáles serán las consecuencias cuando quieran regular cada aspecto de nuestras vidas?
* ¿Habrá espacio para discutir lo que implica por ejemplo la inclusión o sus alcances?
* ¿Cabe desacuerdo con respecto a la pretensión de inculcar estas metas en la educación?