Las Escrituras distinguen claramente al Padre del Hijo. El Padre envió al Hijo. El Hijo es nuestro abogado delante del Padre. Ninguna de estas afirmaciones bíblicas tendría sentido, a menos que el Padre se diferencie del Hijo. Pero las Escrituras también distinguen claramente al Hijo del Espíritu Santo. Es el Espíritu el que desciende sobre el Hijo en su bautismo. El Hijo envía al Espíritu. Finalmente las Escrituras distinguen al Padre del Espíritu Santo. El Padre envía al Espíritu. El Espíritu intercede ante al Padre.