Verano de 1947, Philipp Corso estaba en Fort Riley (Kansas) cuando en una misión de patrulla encuentra algo que cuestiona los fundamentos de la historia.
Corso era militar de carrera un oficial muy respetado en los servicios de inteligencia con capacidad de decisión en caso de guerra. Pero juro que en un edificio abandonado en un cajon de embalaje se guardaba el cuerpo de un ser de otro planeta.