El apóstol Pablo reitera el llamado a andar conforme a la regla del amor, nos ha dicho que no debemos dar pie para que se hable mal del evangelio del reino de Dios, se nos ha exhortado a entender que el reino de Dios no se trata de cuestiones externas como la comida o la bebida sino de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Pero el apóstol no nos está animando a tomar un curso o diplomado de resolución de conflictos, o a una conferencia especial que no pasa de ser eso, una mera conferencia. Nos insiste de una y otra forma para que comprendamos el imperativo que nos es puesto de andar conforme a esta regla del amor, por la cual debemos vivir persiguiendo la paz y la edificación mutua, como observaremos en los versos 18-23. Meditemos entonces sobre este imperativo conectado con lo que se venía diciendo en los versos 16-17 que estudiamos la semana pasada. Es un imperativo para todo aquel que se haga llamar cristiano, para todo aquel que haya conocido la gracia de Dios, para todo aquel ha recibido y conocido el amor de Dios.